Archivo de la categoría: Documental

Un nuevo teaser tráiler para “No dormirás”, el nuevo trabajo de Gustavo Hernández (La casa muda).

La casa muda del uruguayo Gustavo Hernández no solo fue toda una sorpresa en la taquilla de su pais sino que afuera de sus fronteras tambien logro encandilar a los fans del cine de terror con una propuesta curiosa: rodada íntegramente en plano secuencia. Tanto que hasta Hollywood rodo un remake Silent house a manos de Chris Kentis y Laura Lau.

Gustavo Hernández quien tambien habia escrito el guion de su exitoso debut rodo el que seria su segundo trabajo, Dios local, otra pelicula esta vez co-escrita por el propio director y Santiago González que se adentraba en el genero del terror y aunque logro presentarse en la Quincena de realizadores de Cannes no ha logrado el boom que si tuvo su anterior trabajo.

No dormirás, cinta que nuevamente lleva a su realizador al tema del terror en esta ocasion dandole un toque sobrenatural en esta co-producción entre Uruguay, Argenina y España que protagonizan Eva de Dominici, Germán Palacios, Belén Rueda, Natalia de Molina, Eugenia Tobal y Juan Manuel Guilera.

La historia va de un grupo de teatro vanguardista que experimenta con el insomnio para la preparación del montaje de una obra creada veinte años atrás por un grupo de pacientes. Con el paso de días sin dormir, alcanzan nuevos umbrales de percepción, que los enfrentan a energías e historias ocultas del lugar.

 

Anuncios

THE ATTICUS INSTITUTE – Chris Sparling – EEUU – 2014 – Terror

Featured imageSiempre me ha gustado el mundo del misterio, aunque creo que esto es algo generalizado en los tiempos que corren. De todas formas siempre he ido más allá, leyendo libros y revistas, y viendo y oyendo todo lo que giraba sobre el mundillo. Con la llegada de internet las opciones se dispararon, tanto como potencialmente aumentaron las noticias, hechos y personajes. La universalización, ya se sabe.

La cuestión es que mi interés por este mundo me llevó a participar en dos programas, dos podcasts, relacionados con el mismo, y si bien no soy ningún experto, el contacto me ha permitido convertirme en una especie de personificación del dicho: “Sé un poco de todo y un mucho de nada”.

Pero al caso que me voy como siempre por las ramas cual Chita escapando de un King Kong en celo. La cuestión es que si hay un tema que desde siempre me ha interesado es el de Nina Kulagina. Tanto, que la metí como un personaje secundario en la novela que estoy escribiendo. Pues bien, que este film tome la figura de Kulagina para basar su argumento llevándolo a su terreno creando a su Kulagina particular, fue como un misil directo a mi cerebro.

Pero antes de entrar con el análisis, resumir en un par de líneas quién era esta mujer. Nina Kulagina (Ninel Sergeyevna Kulagina, 1926-1990) fue la persona que mantuvo en jaque tanto a la ciencia médica como a los recelosos del mundo de lo paranormal en toda una, no lo olvidemos, Rusia comunista ya de por sí escéptica. No solo se le achacaron poderes que iban de los psíquicos a los telequinéticos, poderes por los que se le sometió a mil y una pruebas, sino que, acusada de fraude en diversas ocasiones, los juzgados rusos nunca pudieron demostrar su culpabilidad dando por buenas sus habilidades.

Así, recurriendo al formato “mockumentary” o “falso documental”, Chris Sparling –guionista entre otras de “Buried” o la esperada “The sea of trees” centrada en el Aokigahara o “Bosque de los suicidas japonés”- nos trae la historia de una institución/instituto que investiga fenómenos paranormales que se topa con una tal Judith Winstead.

En sus primeros 10 minutos, mediante entrevistas a testigos de los hechos acontecidos -hechos que se remontan a más de 30 años en el pasado-, fotografías y grabaciones de aquella época, nos contarán los antecedentes del Instituto, metiéndonos hasta un falso telequinético con el que abrir la puerta a la duda y al escepticismo, y cerrarla afortunadamente al típico hastío de estas películas donde en este tramo no suele ocurrir nada.

En ese momento se nos presenta a la “protagonista” dando comienzo a las sucesivas pruebas, una tras otra, hasta la finalización del film. Así, directo y sin cortapisas. Y es que el primer acierto del film es que mantiene el interés y el ritmo sin grandes espavientos, pero contrariamente sin olvidar que pertenece al género del terror.

La puesta en escena de Sparling es plausible. Con una elegancia impropia de este tipo de producto –ver las fotografías fijas cargadas de significado- que acredita que estamos ante un producto comercial que debe presentar un mínimo de calidad, el director va elevando la intensidad de las pruebas que se le van realizando a este peculiar “conejillo de Indias” evidenciando el deterioro o empeoramiento, si se puede llamar así, del estado de la misma. Es en estas pruebas donde surgen los elementos clásicos del género, sustos sobre todo, que junto a la buena ambientación cumplen sobradamente su objetivo.

Lamentablemente, lo del “producto comercial” que comentaba también tiene sus efectos secundarios: sí, técnicamente es impecable y artísticamente se agradecen algunos rostros conocidos que en cierta forma garantizan ese profesionalismo que muchas veces echamos de menos en estos productos, pero también tiene sus hándicaps, como por ejemplo en este caso enfocar esa causa que justifica los poderes de la pobre mujer –que me callo- hacia un tema de moda, por “simplemente” –recalco el entrecomillado- intentar atraer a espectadores.

Y es que ya no solo es que, como suele decirse, se le vea el plumero sino que abre más interrogantes que los que resuelve como por ejemplo, el origen de ese…

Es cierto también que el desenlace es un tanto brusco, más que precipitado, pero creo que es una sensación marcada por ese ritmo constante que llevaba la película.

Resumiendo, “The Atticus Institute” es, bajo mi punto de vista, uno de los mejores “mockumentarys” que te puedes encontrar. Ciencia y fenómenos paranormales con una presentación elegante y sin perder de vista el género. Quizás es demasiado tibio en su objetivo, algo aséptico, pero nunca se le pierde el interés.
Featured image  /  Featured image

WHAT WE DO IN THE SHADOWS – Jemaine Clement y Taika Waititi – Nueva Zelanda – 2014 – Terror/Comedia

Featured imageHace mucho, pero mucho tiempo, en una galaxia tan cercana como que es en la que estamos viviendo, en los albores de internet, cuando los módems todavía cimbreaban una molesta y reconocible musiquilla para conectarse, existía una cosa que se llamaba “los canales IRC” donde la gente chateaba ante pantallas negras y letras de color verde fluorescente. Luego llegaría el html, y los foros se expandirían como setas. Allí nos reuníamos los fanáticos del cine asiático y de otros géneros, comenzando una relación que para muchos aún continúa.

Allí hablábamos de pelis, y los que más y los que menos, las comprábamos, según la recomendación de fulanito o futanito, a los visionarios que montaban las primeras, creerlo o no, tiendas on-line.

Luego llegarían los p2p, el emule, el torrent y finalmente las descargas directas. Todo lo anterior puede parecer antediluviano, pero eran épocas donde ante la falta de información -información que ahora tenemos a mares en la red mediante webs, blogs, etc..- teníamos que fiarnos de las opiniones de nuestras amistades. Y aquí es donde quería llegar: gracias a las redes sociales actualmente estamos viviendo paradójicamente una época tan cercana como aquella donde el criterio de la gente de la que de verdad nos fiamos, tiene más valor que el crítico mejor pagado del medio de comunicación más popular. Y así es cómo conocí esta “What we do in the shadows”, de la “mano” de un amigo que me aseguraba que era la mejor película de género que había visto en este 2014.

Pasaron las semanas –él la vio en la “Semana de cine de terror de Donostia” donde por cierto se llevó el Premio del Público- hasta que por fin estuvo a mi alcance.

Lo primero que tengo que decir es que, a pesar de la recomendación, nunca me he dejado llevar por las opiniones de terceros por mucho que los aprecie. Muchos amigos sabrán que no me caso con nadie –excepto cuando lo hice con mi mujer, jejejeje-, por lo que espero que nadie piense que me he dejado influenciar.

Lo segundo, adelantando conclusiones, es que sí, que puede que no sea la mejor película de terror del 2014 –más que nada porque terror, terror…- pero sí que la más divertida, “curiosamente” junto a otra de la misma nacionalidad como “Housebound”. Pero al grano.

“What we do in the shadows” se acoge a la corriente reinante en el género como es el “found footage” en su variante “Mockumentary”, es decir, falso documental. Así un grupo de cuatro vampiros accede a que un equipo los entreviste y ruede su día a día, eso sí, dejando muy clarito –y con ello las intenciones de la película- que van provistos de crucifijos, por si las moscas.

El grupo de vampiros no está compuesto por una unidad homogénea sino que cada uno representa a un tipo de vampiro que la tradición popular se ha encargado de traernos. De tal guisa tendremos al vampiro romántico, al brutal tipo Drácula rumano, el Nosferatu y otro inclasificable. Y claro está, con todas esas particularidades el hogar de estos no es el remanso de paz que esperamos surgiendo discusiones verdaderamente surrealistas con las que arrancarnos no pocas carcajadas.

Y esa es la clave de la película: el humor. “What we do in the shadows” no tiene un argumento definido; es una sucesión de gags con un hilo conductor tan tenue que es difícil de encontrar. He leído auténticos psicoanálisis de la película, pero yo creo que sus responsables lo único que intentaban era sacar punta al asunto, hacer algo gamberro pero a la vez elegante.

Así, sus responsables se encargan de sacar a la palestra todo lo que sabemos sobre los vampiros para colocarlos en situaciones cotidianas para que resulte chocante y divertido. Por ejemplo y para no destripar demasiado, los problemas de estos para entrar en los pubs a no ser que sean invitados, o los que se relacionan con sus siervos humanos. Un humor inteligente sin perder la perspectiva del más toon, apoyado muchas veces en una puesta en escena brillante con efectos especiales exagerados y no del todo desdeñables.

Referencias a otras películas, apariciones de otros monstruos característicos de la fauna del terror –genial ese “West Side Story” con… mejor me callo- y una Banda Sonora digna de Emir Kusturica son otros factores para no dejar de reír.

Para acabar, es cierto que su media hora final rebaja un tanto el número de carcajadas, pero tras la avalancha de su primera hora, cualquier cosa parece poco. Lo mismo en una ya buena comedia no se notaría tanto.

Resumiendo, “What we do in the shadows” es quizás la película más divertida del 2014 y de seguro que la mejor comedia de terror del año. Salvaje pero brillante, gamberra pero con clase. Inteligencia al servicio del surrealismo.

Featured image  /  Featured image

THE HOUSES OCTOBER BUILT – Bobby Roe – EEUU – 2014 – Terror

Featured imageLa red y las nuevas tendencias han auspiciado un efecto secundario nuevo: la inmediatez.

El “found footage” no solo ha abierto la puerta a que cualquiera con una cámara se crea un cineasta/actor sino que, algo más profesional, permita abaratar y reducir los tiempos de producción.

Luego, la red permite tanto que cualquiera suba su producción a las típicas páginas de descarga como que, otra vez en el ámbito algo más profesional, puedan ser distribuidas por plataformas comerciales con toda garantía.

Pues bien, “The houses october built” es un claro ejemplo de lo que digo ya que podríamos tacharlo como un producto estacional, para aprovechar una coyuntura tan festiva y “ad hoc” como es Halloween. Y ya no tanto por la temática, los ingredientes con los que juegan sus responsables, sino por otra circunstancia que rodea al tema. Y es que días antes de la famosa noche –coincidiendo con su lanzamiento- salieron un par de noticias que dieron la vuelta al mundo. De hecho yo las vi en la prensa española.

Una era la que contaba la muerte de Christian Faith Benge, una joven de 16 años que falleció en uno de estos pasajes de terror ubicado en un parque temático en Ohio a causa de un ataque al corazón. Y dos, las peticiones por parte de varias personas solicitando la clausura de otro pasaje, “McKamey Manor”, en este caso en San Diego, ya que según afirman es demasiado extremo. No solo hay contacto directo, siendo casi secuestrado aceptando incluso que seas objeto de alguna que otra vejación, sino que el mismo tiene una duración de 4 horas…

Pues con esas premisas se presenta esta película.

Lo primero que hay que decir es que el film mezcla la ficción con la realidad. Tiene un hilo argumental como es el de un grupo de amigos que va recorriendo el país en busca del mejor “Pasaje del Terror”, pero tanto algunos de estos son reales como mezclan testimonios de gente que los ha visitado contando su experiencia. Y claro, esto tiene su parte buena y su parte mala. La buena, pues que se ajusta a la realidad, siendo una especie de documental, y la mala que tanto rompe el ritmo con esas preguntas y respuestas como en ningún momento nos hace temer por la suerte de los protagonistas sabiendo que estos están en un simple “Pasaje del terror” más.

Así, hasta 4 pasajes –uno de escenas de películas, un paintball de zombies, uno tejano bastante cutre y… un club de barras de streap tease con máscaras- pasarán por delante de nuestros ojos –y nuestros bostezos- con la cámara, para mayor despropósito, dando bandazos y mareando al personal. Porque sí, porque esta película es un 100% “Found footage”, es decir, no hay el mínimo respeto por el espectador. Fijaros si la cosa llega a tal extremo que uno no sabe cuántos componentes hay en el grupo hasta bien avanzada la película…

Y diréis, ¿y qué tiene esto de película de terror? Pues eso me preguntaba yo.

Para empezar, entre pasaje y pasaje han metido algún elemento presuntamente inquietante con tal de darle una apariencia de género. Pero solo elementos, sin situación. Empiezan con una niña payaso. Inquietante, pero solo eso. Luego un tío que parece un sacerdote vudú a la orilla de la carretera con una fogata. Literalmente. Un tío vestido de conejo sangriento, y no cuento a un irascible payaso –otro más- que les quiere pegar por creer que habían grabado dentro de su pasaje. Solo hay dos escenas más fuertes, una en un bar donde unos tíos disfrazados con la cámara de los protagonistas molestan a la única integrante femenina del grupo, y una reunión de payasos en medio de la noche. También descuento esa escena en la que los protagonistas están siendo grabados mientras duermen. Es tópica, no da miedo y encima está rematada por un error/horror lamentable: ¿qué hace la protagonista durmiendo con pestañas postizas?

Tendremos que llegar a la hora y diez –sí, hora y diez- para que la cosa comience, pero claro, se hace tan evidente cuando sale el tema del “Pasaje del Terror” extremo que… Aun así, no sé si era porque estaba falto de sensaciones o qué, pero los últimos diez minutos sí que me transmitieron lo que querían sus responsables. No es para temblar o saltar constantemente sobre la butaca, pero al menos inquietan.

Resumiendo, “The houses october built” es una película gancho. Se aprovecha de unas fechas, se aprovecha de unas noticias y se aprovecha de un estilo que permite hacer una película a toda prisa y sin un céntimo en el bolsillo. Además, esperar una hora y diez es demasiado para encima algo que resulta previsible. Hay cosas inquietantes, sí, pero cada uno deberá valorar si vale la pena soportar todo lo dicho que un servidor no encuentra ya tan bien…

P.D.: Lo del tipo gordito con barba se ha convertido ya en un estereotipo del nuevo milenio, al estilo del negro graciosillo en los ochenta y noventa.

Featured image  /   Featured image