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A GENTLEMAN – Raj & D.K. – Bollywood (India) – 2017 – Acción

Agentleman

El porqué de la no-explosión del cine de Bollywood, hindú por extensión, en España no lo entiendo. Si no recuerdo mal creo que auténticos conocedores de este mundillo como Domingo López decían que los derechos de las películas tienen ciertas peculiaridades, pero dejando el tema de las dificultades de exportación/importación, todavía no hay mercado para estos productos.

De anime, cine coreano, japonés y chino en menor medida, tenemos pequeñas dosis, pero hindú…como no sea cine de autor o reivindicativo… Ah, sí o el que se estrena en salas en versión VOSE pero que luego no se traduce en edición casera con doblaje.

Que las costumbres son muy alejadas de las nuestras, que los bailes desvirtúan las historias, que si patatín, que si patatán. He oído excusas de todo tipo. Mi socio Ángel Manuel, la otra costilla de Chanpoo.com, con gran criterio y amante de (casi) todo lo asiático no termina de comulgar con este cine.

A mí, que es a lo que importa y lo que me sirve para dar comienzo al análisis de esta película, me gusta porque además de integrar la música como nadie lo ha hecho –sin música no puedo vivir- tienen una noción de la vida tan fantástica que se traduce en su forma de comunicar. Esas peleas tan exageradas, sus melodramas tan sentidos, su humor tan inocente y a bocajarro… Ponen el corazón en lo que hacen, para bien y para mal, y eso se nota.

Alguno dirá que solo es palabrería barata, que es la última moda y que solo estoy ciego por el exotismo.

Pues para contestar a este alegato me viene que ni perfecta esta película ya que lo que me gusta de ella, entre otras muchas cosas con las que entraré también ahora, es porque da una imagen idílica y moderna, mucho más sofisticada que en producciones occidentales. ¿Exotismo? Pues estoy hablando de todo lo contrario…

“A gentleman” traslada la mayor parte de su rodaje a Miami, con todo lo que ello conlleva de exteriores y calidad de vida. Porque aquí no tenemos a latinos intentando sobrevivir. Los expatriados hindús son un arquetipo de personaje de la cinematografía hindú y pocas veces vemos miseria o dificultades. La productora ‘Yash Raj  Films’ casi se ha especializado en este tipo de películas y si bien esta pertenece a la ‘Fox Star Studios’, dependiente de la norteamericana ‘20th Century Fox’, es curioso ver en los agradecimientos al inicio del film el nombre de Karan Johar, sobrino de Yash Chopra, fundador de la propia YRF… ¿casualidad?

Es cierto que la relación vendrá por otra parte, pero no las formas. Todo en “A gentleman” tiene una apariencia occidental y el tratamiento de la imagen está más que cuidado. Que la matriz sea la propia Fox tendrá algo que ver, que al principio del proyecto la vendiesen como una continuación de “Bang bang” –“Operanción Koh-I-Noor” como se bautizó en España mutilada de números musicales- remake local a su vez de “Noche y día”, también; la cuestión es que a vista de un occidental, de exotismo nada. Más bien como decía, sofisticación y lujo.

Y para llevar todo ello a la gran pantalla, ¿qué mejor que una comedia de acción? Pues eso nos encontramos, una película con espías impecables, chicas guapas y escenarios envidiables.

Por la parte de comedia, es muy ‘a la americana’, es decir, comedia ligera donde hay más simpatía que humor. Es el carisma de los protagonistas el que tira del carro y las situaciones no se fuerzan demasiado con tal de no pedirle al público demasiado. Olvidaros de los chistes zafios y los gags absurdos y hasta políticamente incorrectos, casi denunciables habituales en la India; aquí todo es bastante asumible: puede hacer gracia o no, pero tampoco nos hará poner los ojos en blanco a causa de la vergüenza ajena.

Por el trasfondo romántico, tampoco hay que preocuparse ya que aquí no hay conquista. La pareja ya está conformada, o eso es lo que desearía el protagonista… No cuento más.

La acción, sin tener una presencia protagonista, resulta gratificante. Las peleas físicas rayan a gran altura. En ningún momento tenemos ese defecto tan común en su cinematografía como son las populares “patadas al aire”, resultando las coreografías técnicamente brillantes, proporcionando credibilidad, laboriosidad y contundencia. Olvidaros de las fantasías de otras cinematografías hermanas de Bollywood ya que aquí no veremos enemigos volando a merced del cable. Como todo en la película tiene una apariencia –y gusto- occidental, así es que de desfases, ni uno. No en vano, el responsable de la misma es ni más ni menos que el francés Cyril Raffaelli, autor de coreografías de la talla de la saga “Transporter”, “La jungla 4.0” u otras películas de género bajo el sello Luc Besson.

Por su parte, Sidharth Malhotra, con un cierto aire a Eric Bana, a pesar de haber ganado algún galardón como “Peor actor” por su papel, se descubre como un correcto actor de acción, dejándonos con la idea de que cada vez entendemos menos de esto al no comprender sus desméritos para ‘valerse’ con la carga de este cuestionable galardón.

De Jacqueline Fernández poco se puede hablar ya que desgraciamente queda bastante relegada a… a… cara bonita. Y vaya sí lo es: actualmente mi actriz de Bollywood preferida. El problema es que en otras ocasiones se le ha sacado más partido.

Pasemos a, como es habitual en las reseñas de esta procedencia, la que denomino como ‘Sección de Coros y danzas’. Hasta tres números musicales tiene la película.

Chandralekha” tiene como escenario una fiesta de trabajo y resulta simpática, más la coreografía que el tema musical ya que, aunque movido y moderno, no resulta tan pegadizo a causa de la excesiva repetición del “Chandralekha” del título y la instrumentación de esa trompeta recalcitrante. Lo mejor: ver a la gente pasándoselo bien.

En “Baat Ban Jaye” cambiamos el entorno yéndonos a la playa. Con ello, el ritmo se hace más distendido, menos repetitivo subiendo las prestaciones, haciéndose más comercial. Una gozada. Colorido y, ahora sí, pegadizo.

Disco disco” acompaña a los títulos de créditos finales por lo que los poco amigos de estas escenas podrán saltárselo sin más. El resto disfrutaremos de una de estas típicas coreografías ambientadas en una supuesta discoteca setentera. La melodía nos recuerda a otras muchas pero como su función no es otra que servir de dicharachera comparsa al aluvión de nombres, tampoco desentona.

Por lo demás, otros dos temas melódicos que acompañan a las escenas más acarameladas, sin entrar como decía líneas arriba en el edulcoramiento más empalagoso. Destacar el tema “Laagi Na choote”, un dueto precioso tanto por composición como por interpretación. La piel de gallina, oiga.

Resumiendo “A gentleman” es una divertida comedia de acción, sin más pretensiones que divertir y estar bien hecha, cuidando los detalles. Y por Ganesha que cumple con creces. Y es que cuando se tienen claros los objetivos y mimas el producto, se nota trascendiendo las sensaciones del resultado buscado.

Gaurav Kapoor es un ejecutivo que disfruta de su cómoda vida. Está enamorado de su compañera de trabajo Kavya, pero esta lo cree un tipo aburrido por lo que no le hace mucho caso. Pronto la acción se cruzará en sus vidas. O no…   

4de5

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RV: RESURRECTED VICTIMS – Kwak Gyeong-Taek – Corea del Sur – 2018 – Thriller fantástico

RV

De casta le viene al galgo”. Soy de los que piensan que los refranes, al igual que los proverbios, vengan de donde vengan, a tenor de los nuevos tiempos han perdido gran parte de esa carga que hacían que muchos se valiesen de ellos amparándose en la sabiduría tradicional, pero en esta ocasión me viene que ni pintado para dar comienzo el análisis de esta película.

La cuestión es que la premisa de esta “RV: Resurrected victims” es una de las mejores que he podido ver en años. Os la voy a resumir y me diréis si no os lo parece.

Las personas que fallecieron en circunstancias violentas y cuyos casos no han podido ser resueltos vuelven a la vida en las mismas condiciones antes de morir. Nada más “despertarse” acuden a las personas causantes de su muerte para vengarse. Tras ello, vuelven a desaparecer tras una combustión instantánea. Por si faltase algo, justo antes de lograr su objetivo e indiferentemente de su origen, dicen “Ranekama”, “Por venganza” en hebreo antiguo por lo que la iglesia católica es la encargada de investigar estos casos de supuesta resurrección.

¿A qué sí, a qué suena interesante? No en vano adapta una novela del local Park Ka-Ik y esto se deja notar.

La cuestión, el porqué del inicio de la reseña, es que en Occidente esta premisa daría para una película de terror, pero como Corea del Sur es como es, para lo bueno y lo malo, nos encontramos con un thriller. Y es que el que más y el que menos, ya sabe que esta nación y por extensión, cinematografía, ha hecho del thriller casi una religión. Y no lo digo porque haya que tenerle fe sino porque obra milagros de la nada.

Este no es el caso, tenemos una buena base y otros elementos que, adelantando conclusiones, conforman un peliculón. Así es que vayamos con ellos.

Si bien esa sinopsis dada a vuelapluma nos hace pensar en misticismo y horrores bíblicos, aquí como decía líneas arriba todo gira en torno al suspense, persecuciones y drama; vamos, las tónicas del género.

Sin embargo lo que eleva el nivel de la producción más allá de ese ‘más de los mismo’ al que parezco referirme con mis palabras son un par de elementos.

Para empezar, ese misterio que encierra la película y que produce que nos enganche. El caso que centra la trama dentro del relativamente escaso número de resucitados es el de una madre que al volver atenta contra su propio hijo, hijo al que adoraba en vida. Por si faltase poco, este es fiscal y que todo apunte a que, al volverse contra él su progenitora, sea el culpable de su muerte, abre tanto una grieta en el sistema como dos investigaciones, la que lleva el propio protagonista para limpiar su nombre y encontrar al verdadero asesino de su madre como otra paralela apartado como está, obviamente del caso.

El segundo y no menos importante aunque por ‘cuota de pantalla’ menor en cuanto a presencia es el que marca el drama personal de los protagonistas. Todos tenemos madre. Algunos no han podido conocerla, otros ya desgraciadamente la han perdido y los que más, aún tenemos la suerte de conservarla. La mayoría, sea el caso que sea, sabemos el rol que juega/ha jugado en nuestra vida y el hueco que deja o puede dejar. Aquí nos encontramos para mayor pesar con una madre que ha cuidado sola a sus hijos y una unión inquebrantable entre los miembros de la familia. Pues con este contexto, imaginaros que os acusan de matar a vuestra madre. Terrible.

Pues si sumamos al dolor en cierta forma la culpabilidad del protagonista conociendo las circunstancias que rodean a los resucitados, tenemos un bagaje dramático creíble tanto por ese resentimiento como por la justificación de algunas de las reacciones de este.

Sin embargo esto no podría funcionar tan bien como lo hace sino fuese por la implicación de su estrella protagonista, Kim Rae-Won. Atrás queda aquel jovenzuelo, típico guaperas, protagonista de Kdramas. Rae-Won, a pesar de todavía sus rasgos añiñados, es ya un adulto y no solo por edad -roza los cuarenta ya- sino por interpretación. No digo que sus trabajos anteriores fueran malos, es más, siempre ha sido cumplidor, sino que, poco a poco, se está convirtiendo en alternativa a las ‘vacas sagradas’ del país. Rae-Won, sin grandes manifestaciones emocionales, transmite lo que la película requiere hasta tal punto que nos llega a conmover. Tengo que confesar que su desenlace me hizo saltar alguna lagrimita.

En ello también influye tanto la dirección del veterano Kwak Gyeong-Taek, realizador de clásicos ya modernos como “Friend” y otras producciones  recomendables como “Typhoon: amenaza pirata”, “Champion”, “Eye for an eye”, “A love” y sobre todo “Pained”, como su Banda Sonora. Mira que he buscado quién es su compositor y no he podido encontrar nada. Entre violines, notas de piano, órgano clásico y efectos electrónicos nos da como resultante una suerte de composiciones entre Hans Zimmer y el Mike Oldfield más actual, la partitura de la película es una de las más bonitas que he podido oír en una película este año. Sensible pero potente en sonidos, no nos extraña que Gyeong-Taek dé protagonista a la música en las mejores escenas del film, sobre todo en la parte final.

Y ya que estamos con esta, no se puede desvelar mucho para no restarle suspense, pero su resolución sorprende. Se le puede criticar la manipulación de ocultar datos –¿en qué película del subgénero se permiten ser honestos?- pero… ¿criticar la carga religiosa en la moraleja del film? De lo que ‘habla’ –ya digo que no puedo concretar más ya que destrozaría el misterio- está presente en casi todas las religiones, además de ser una práctica sana para el espíritu. A mí particularmente me caló como he dicho, y mira que soy “duro” para estos mensajes adoctrinadores, como he llegado a leer por ahí.

Por último añadir que la fotografía a cargo de Kim Sung-Hwan resulta competente, aprovechando las abundantes escenas de lluvia que nos regala el film, entorno que siempre resulta estimulante para  este tipo de producciones, y más de este origen, casi una marca de fábrica de su cinematografía.

Para cerrar decir que hasta su metraje es también plausible: hora y media. Directa y al grano, tanto a la mente como al corazón.

Resumiendo, excepcional thriller fantástico que navega entre varias aguas para conformar un producto redondo que engancha y transmite. Claro candidato para remake occidental. Uno de los mejores films que nos llegan este 2018 para un servidor.

Seo Jin-Hong es un fiscal implacable. Su carácter se endureció aún más cuando no pudo encontrar al asesino de su madre siete años atrás. Para su sorpresa, esta volverá de la tumba como una de las denominadas “Víctimas resucitadas”, personas que sin saber cómo vuelven a la vida dispuestas a vengarse de quién las asesinó. Lo peor, es que su propia madre atentará contra él, haciendo que recaigan sobre su persona las sospechas de todo el mundo.

ISM – Puri Jagannadh – Tollywood/India – 2017 – Thriller

ISM

Decepción. Este es mi titular para la película. Por dos motivos, uno personal y otro, por mis sensaciones tras su visionado. Así es que si sois listos hasta os podéis ahorrar el rollo de tener que leer esto. Sin embargo, si os puede la curiosidad y pasión por este cine, no cambiéis de canal que… ooops, perdón… seguir leyendo que igual os sorprendo con mis habituales chorradas.

Empezaré por lo personal que igual importa menos, dentro del ya agujero negro de ‘importancia zero’ que tiene todo esto, claro. La cuestión es que la primera parte de la película, coincidiendo con la primera hora, transcurre en la ciudad que me vio nacer y a la que me siento orgulloso de pertenecer, VALENCIA. De hecho, estuve en el rodaje en una de las escenas de acción en la que persiguen al protagonista montado en una moto.

La ciudad –por cierto, es la cuarta vez que se rueda una película de la India aquí- sale preciosa, sacando muchos rincones de la misma –me falta el Micalet, campanario de la Catedral, para que fuese ya redondo- y se nota que los productores estaban enamorados de la misma. El problema, la decepción que decía, viene dado porque a la hora de nombrarla la cambian de lugar diciendo que es… TENERIFE. ¡Toma castaña! Imagino que es un homenaje a la gran colonia hindú que allí reside porque de otra forma no lo entiendo. Lo más curioso, siguiendo con las batallitas que solo me importan a mí, es que no es la primera vez que ocurre esto ya que en la sexta parte de “Fast and Furious” trasladan la valenciana base de la OTAN/NATO a la capital del Teide. En fin… ‘Resignació, germans valencians’ o lo que es lo mismo traducido del valenciano al español: “Tranquilos que un día los valencianos conquistaremos el mundo”.

Dicho esto, vayamos ya con lo importante –y más serio-, mis sensaciones y conclusiones.

Como en casi todas las películas de la India, nos encontramos dos partes bien diferenciadas. Aquí dadas las ‘limitaciones’ del metraje, poco más de dos horas, nos las encontramos bastante comedidas y, gracias a Ganesha, directas.

La primera parte, la que como decía se desarrolla en Valencia… o en Tenerife según estos, nos trae una comedia de acción donde las supuestas risas se anteponen a los guantazos. Digo bien lo de ‘supuestas’ porque el que más y el que menos ya sabe cómo se las gastan los hindús ya que su humor, y tanto importa si hablamos de Bo-To o Kollywood, se basa en personajes secundarios ridículos y en la mofa que se hace de ellos, un indigno escarnio objeto de denuncia. Aquí no es el caso pero hemos visto en otras ocasiones como hasta se burlaban de deficiencias físicas y mentales. Así de burdo, inocente para sus defensores, se nos presentan unos gags que para la mayoría son fuente de vergüenza ajena.

Los chistes, haciendo gala de otras de sus habituales pautas o características, tienen mucho de componente local, convirtiéndose en demasiadas ocasiones en jeroglíficos aún más indescifrables. Si los sketchs tontorrones no tienen gracia, imaginar los que solo entienden ellos. Aquí, nos sacan en una ocasión un cameo –no sé si será con permiso o qué- de Salman Khan y nos nombran a otras estrellas de su cine como Mahesh Babu -¿casual que haya sido el último que haya rodado en Valencia?- y Jr. NTR, pero poco más.

Junto a esto y la acción, que me dejo para después, la componente romántica, apartado superado en la India en la última década. Y digo ‘superado’ porque nadie tiene que preocuparse de encontrarse algo edulcorado; actualmente a no ser que nos topemos con un melodrama, las conquistas son poco menos que flechazos. Aquí tenemos a nuestro héroe que se enamora de la chica, le suelta un par de piropos al más puro estilo machito y esta, si bien no cae rendida a sus pies, entra en el juego de la seducción. Como hemos dicho, dadas las limitaciones de metraje, aquí todo resulta más precipitado y su enamoramiento es casi instantáneo, nada creíble por otro lado cuando entran en juego encima casualidades y enredos, esos otros ingredientes omnipresentes en este tipo de producciones.

Peeeero es que lo peor está por venir, con la segunda parte u hora.

Aquí la película da un giro radical, convirtiendo la comedia en drama y la tontería en un panfleto liberal de estos mesiásticos que no hay por donde pillarlos. Resulta que todo lo que estábamos viendo no era tal y que nuestro héroe en realidad es un cruzado por la verdad y libertad del pueblo que está esclavizado por las corruptelas del poder y bla, bla, bla… Vamos, que ahora entiendo por qué eligieron Valencia como fondo de las aventuras de estos, hartos de ver cómo en la última década, unos y otros han convertido a mi otrora próspera tierra en el objeto de las ambiciones ilícitas de cualquier político de tres al cuarto.

El humor se cambia por reivindicaciones y discursos grandilocuentes que hemos visto ya una y mil veces, que resultan tan redundantes en su mensaje que aburren más que otra cosa. El fin es bueno, pero no deja de ser una utopía. Y eso lo dice alguien que cree que el comunismo es perfecto, pero son las personas las que no, y por lo tanto no se puede llevar a cabo.

La última media hora es aburrida por mucho que se empeñen en querernos hacernos partícipes de la alegría del pueblo por verse representado. Me recuerda a uno de esos finales de “Madagascar” donde los lémures solo tienen ganas de fiesta y se ponen a bailar al ritmo de una canción pegadiza. ¿Pero somos tontos o qué? Está muy bien eso de hacer un Wikileakshinduleaks más bien- haciendo uso del ‘modus operandi’ de Anonymous y decir que te inspiras en Julian Assange y Edward Snowden al inicio del film, pero todo resulta pretencioso cuando sabes que en realidad es una maniobra para llevar al público a las salas.

Solo hay que ver esa subtrama romántica de la que hablaba líneas arriba y su cohesión con la historia tal y como termina desarrollándose. No se puede decir mucho para no desvelar nada, pero de creíble… Por no decir el lugar que deja a la mujer. Manipulada. Objeto. Excusa. Marioneta… Tantas cosas y ninguna buena… Vale que sea algo a lo que deberíamos estar habituados, pero… ¿tu mensaje no es romper con lo de siempre? Hipocresía.

Nos queda la acción, quizás el factor más importante de mi frustración, sobre todo por venir de quién venía.

La que nos encontramos en la primera hora es bastante mala. No voy a poner ningún paño caliente. Por mucho que me guste el cine de la India no voy a ser indulgente. Las peleas no hay ninguna en la que los puños o patadas lleguen a su objetivo. Cualquiera diría que el director de esta, Puri Jagannadh, fuese el mismo de esa casi Obra Maestra que fue “Pokiri”  u otras recomendables como “Bbuddah… Hoga Terra Baap”. Con decir que hay un tiroteo y pasa de tapadillo a causa de planos demasiado alejados donde no se puede ver nada. ¿Tapar los defectos?

Luego, en la segunda parte y con la entrada de especialistas locales la cosa cambia, pero tampoco llega al nivel de otras producciones de su director. Una de esas escenas donde los rivales salen volando y el héroe muestra sus habilidades dando mamporros, y poco más ya que la esperada parte final resulta una copia de otras tantas con el héroe acuchillando a diestro y siniestro pero sin la espectacularidad de otros títulos. Parece que no querían restarle fuerza al mensaje políticamente correcto de los minutos anteriores y se han dejado el dinamismo, la fantasía y contundencia de la acción hindú para otra ocasión.

¿De las coreografías y números musicales? Pues que propiamente dichos hay solo dos. Uno donde el héroe demuestra sus dotes para el baile por toda Valencia, bastante vistoso y divertido, y otro en las calles de Hyderabd con mujeres y ritmos más autóctonos, menos comerciales a vista de un occidental. Correctos sin más. Luego de tipo videoclips, es decir, esos donde los protagonistas deambulan en silencio solo acompañados por música tendremos otros tres, pero estos son simples minutos musicales con letra. Al igual que con la acción, se podría haber aspirado a más.

Para ir acabado, destacar al protagonista Nandamuri Kalyan Ram, una mezcla entre Salman Khan y Dominic Cooper, un intérprete que se mueve mejor en el drama que en la comedia aunque como héroe de acción no pinta mal, lejos todavía de los iconos del género de su cinematografía pero al que habría que estar atento en futuras ocasiones si le llegan mejores proyectos. Es Jagapati Babu el que hace gala de su veteranía y el que sin quererlo se lleva el gato al agua a pesar de sus limitaciones y rol de ‘casi’ villano de la función. Es lo que tiene el carisma…

Resumiendo “ISM” es un film irregular que podría haber dado más de sí pero que da la sensación de que al trasladar su producción a España, perdió parte de su potencial económico. Le falta espectacularidad y le sobra hipocresía. Demasiada carga de corrección política para no dar ejemplo en el tratamiento de la mujer o poner realmente los pies en el suelo.

Kalyan es un joven vividor que se gana la vida en las peleas ilegales en España. Un día conocerá a Alia, la guapa hija de un mafioso. El destino le llevará a conocer por su parte al padre de esta y pronto comenzarán los enredos. Pero nada es lo que parece… empezando porque Valencia es Tenerife.

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V.I.P. – Park Hoon-Jung – Corea del Sur – 2017 – Thriller

VIP

Como vivo un momento delicado –algunos lo llaman ‘Crisis de los cuarenta’- la verdad es que por un lado ya me da lo mismo todo y por otro, no me da. Me da lo mismo todo porque estoy harto de las tonterías, harto del quedar bien, harto de que a uno lo tomen por tonto y harto de que la vida pase sin menos alegrías de las que merecemos.

Sin embargo, ese hartazgo te lleva a ver las cosas de otra manera, de saber quién está ahí, quién te aprecia y en quién puedes confiar. Me hacen gracia ahora los niñatos que intentan explicarnos lo qué está bien o lo que está mal cuando de la vida solo la conocen de oídas y encima filtradas por un tamiz deformado a su antojo.

Llevo desde 1998 escribiendo reseñas de cine asiático y si mis cuentas no me fallan ya habré superado las 3000 reseñas. Está claro que la mayoría son ladrillos intragables, con desaciertos y afirmaciones desafortunadas, pero eran meramente un medio de expresión, ninguna lección a terceros con intenciones de adoctrinar. Era mi forma de comunicarme y dar a conocer un mundo que gracias a las nuevas tecnologías ahora cualquiera tiene a su alcance pero que parecía inaccesible hace tan solo quince años.

Quizás ahora la pasión haya pasado dejando paso simplemente a las ganas de dejarse llevar, olvidar lo que se ha quedado por el camino. Escribir tampoco es ya esa devoción de ponerse delante de un folio en blanco a hablar sobre algo casi místico por aquella época, dar el justo reconocimiento a algo que merecía la pena, que tenía que ser descubierto. Quizás en parte porque ya no valga la pena… ¿O sí?

De nada me sirve ahora explicar que los surcoreanos son los reyes del thriller policiaco porque es redundar sobre un tema sabido ya. Menos aún hablar sobre la obsesión que tienen sobre Corea del norte… Total, si nosotros españolitos no hemos podido quitarnos la losa –nunca mejor dicho en unos días en los que se habla de desenterrar a cierto dictador…- de la Guerra Civil… ¿Qué no podrán ellos teniéndolos tan solo a unos metros de distancia?

La cuestión es que ‘enmerdado’ como estoy, me cuesta llevar a adelante una reseña que gira en torno a tantos tópicos en la cinematografía y sociedad coreana sin caer en el tedio y darme asco a mí mismo, así es que intentaré ser expeditivo.

El argumento de “V.I.P.” no puede ser más simple: un asesino en serie es el deseo de la policía, del servicio de inteligencia y de una venganza. A partir de ahí sazonamos con esos tópicos que mencionaba.

Para empezar, nuestro oficial de policía es el clásico agente rebelde que pocas veces cumple las normas y al que todo el mundo tiene respeto, aquí llevado al límite de incluso el miedo debido a un carácter irascible.

El agente del Servicio Secreto, por el contrario, es el típico funcionario, disciplinado y cerebral.

El joven asesino, por su parte, parece haberse inspirado en su compatriota y colega de profesión Shin Ha-Kyun (“Salvar el planeta tierra”, “El gran golpe”, “Sympathy for Lady vengeance”, etc.) con el que guarda por cierto hasta un cierto parecido, esbozando en todo momento una macabra sonrisa por muy sádicos que sean sus actos, haciéndolos más cruentos si cabe. Y es que el antagonista de la historia es un cruel sicópata que disfruta con el dolor ajeno, siendo las inocentes jovencitas su presa favorita.

Y por último, un policía militar norcoreano que busca venganza desde que… entre otras, nuestro asesino desertó al sur.

Para aderezar todo el conjunto tenemos otro factor habitual en el país como son las luchas de poder. Por un lado, el policía y el agente del servicio secreto se ven sometido a la tiranía de la cadena de mando. Y por otro, el exponente político representado por el tira y afloja entre el servicio secreto local a merced, según nos lo pintan, del americano.

Pues bien, a pesar de que parezca “lo mismo de siempre” y que esa peligrosamente aburrida a priori componente jerárquica-institucional esté ahí presente, “V.I.P.” es un gran entretenimiento.

Las claves, un par. La primera, que nuestro iracundo policía está interpretado por Kim Myung-Min, un actor todo-terreno en quizás su papel más exaltado. Aunque dramas y thrillers ha tocado bastantes, es un reconocido comediante, y verlo tan excesivamente sobrio, resulta refrescante. Claro, esto a quién lo conozca poco o nada, no le va a resultar un atractivo extra, pero ya sabemos que parte del éxito de las producciones surcoreanas radica en su… ¿interiorización?

La segunda, las sorpresas. No voy a desvelar nada, pero a pesar de que como digo el guión no es muy elaborado, no resulta previsible. Y cuando lo hace, sobre todo en el personaje interpretado por el internacional Jang Dong-Gun –repito que no descubro nada, solo hay que ver el arranque- es cuando resulta necesario. Los mejores minutos de la película coinciden con la acción protagonizada por este. Da gusto verlo. Y ya no tanto por la contundencia sino por dejar atrás toda esa mojigatería en la que vivimos. Personalizándolo en su persona, ya en su momento muchos dijimos que era un buen heredero de Chow Yun-Fat; aquí lo ratifica. ¡Qué atracción ejerce sobre la cámara y cuánto estilo con una pistola en las manos!

¿Lo peor? Que se me queda corta la participación de Park Hee-Soon cuando su personaje daba para mucho más como ese oficial norteño con la venganza como meta y fatalidad como destino, la nula presencia femenina y que parece que la industria tabacalera del país ha producido la película. Cada cual hace con su cuerpo lo que quiera, siempre que no moleste a otro, claro, pero aquí parece que es indispensable fumar para parecer más duro o cool. El personaje interpretado por Kim Myung-Min no hay escena en la que no lleve un pitillo en los labios.

Resumiendo, “V.I.P.” es un ‘más de lo mismo’, pero un ‘más de lo mismo’ bueno, sabe qué dar y hasta cuándo. Aprovecha defectos para convertirlos en virtudes y enmascara tópicos gracias al ritmo y carisma de sus protagonistas. Un thriller que sin llegar a ser “de acción” resulta intenso.

4de5 /  5de5

SATAN’S SLAVES – Joko Anwar – Indonesia – 2017 – Terror

SatansSlaves

Gracias al cine de acción, la cinematografía indonesia ha logrado hacerse un hueco dentro de la cada vez más pujante cinematografía asiática, una pequeña fisura en comparación con otros gigantes, pero lo suficientemente aperturista como para permitir que, aunque sea con ayuda de terceros como en este caso con la surcoreana CJ Entertaiment Group en la distribución, otros géneros más allá de la acción tengan cabida en este escaparate del séptimo arte. Aunque para ser justos, como en otros pequeños países del sudeste asiático, antes de ‘fenómenos espontáneos’ como los causados por Evans y compañía, el terror siempre traspasaba fronteras a cuentagotas.

Lo primero que hay que decir, más como aviso, es que  “Satan’s slaves”, a pesar de sus más de 4 millones de entradas vendidas en su país de origen, es una película pequeña con fragantes fallos artísticos y técnicos que a muchos les echará ‘pa’tras’ a las primeras de cambio: fallos de raccord, de guión –el niño se pone a hablar de buenas a primeras, intentar abrir una puerta para dentro cuando se abre para fuera y no cortarlo en la mesa de montaje… – situaciones que de otra manera no se entenderían en industrias más avezadas conforman contrariamente a lo que pudiese parecer un aura de inocencia que permite que el espectador sea indulgente con la producción dejándose llevar.

Lo segundo y menos importante, pero hay que decirlo, que la película es un remake local del año ’82 que a su vez se decía que adaptaba el “Phantasma” de Coscarelli. Yo la verdad es que parecidos no veo muchos, pero bueno…

Metidos en harina, diremos que la película se divide en tres actos cual obra de teatro. El primero es un torrente de sustos sin casi hilo argumental. Intenso aunque tramposo, va concatenando apariciones fantasmales muy al uso asiático con mujeres de largas melenas y hasta un pozo (!!!) llegando verdaderamente a enganchar, justificando su éxito y cruce de fronteras.

Son minutos verdaderamente siniestros que usa en su beneficio sonidos, esa moda que se ha instaurado en la última década gracias a otros éxitos occidentales, que entre el desconcierto y la buena cadencia apuntan a que podemos estar ante un hito. Ya os aventuro que esa sensación no será más que otra ‘aparición’ fantasmagórica…

La segunda parte renuncia al efectismo centrándose en la investigación de la causa de las apariciones. Sabe mantener la tensión e incluso se nos regalará una pantagruélica escena sangrienta de las de recordar, pero la intensidad decrecerá. Estos minutos, alrededor de la hora de metraje, serán calafateados por uno de esos falsos finales tan innecesarios como artificiales ya que, como he dicho, alcanzada escasamente la primera hora, uno no necesita ser muy listo para saber que esto no ha acabado todavía.

Aunque a decir verdad, tendría que haber terminado ahí puesto que la tercera parte es un epílogo tan opuesto a lo que nos estaban ofreciendo que resulta hasta ridículo. La sorpresa, el misterio, el tenerte en tensión es sustituido por una serie B de zombies de tres al cuarto que es culminado por… atentos, redoble de tambor…. UN NÚMERO MUSICAL que acompaña a los títulos de crédito. Sí señores, ríanse ustedes –yo no porque lo adoro- de Bollywood al lado de esta incongruencia, un tanguete que no viene a cuento a no ser que los protagonistas del mismo sean artistas reconocidos del país y solo estén haciendo un cameo, un guiño al público. De otra manera, no se entiende. Inconcebible.

Por lo demás, el reparto es cumplidor sin ni siquiera desentonar los niños y aunque la dirección peca de movimientos extraños –más de una ocasión parece que se choca con el mobiliario- no se echan a faltar efectos especiales digitales cuando se respira un espíritu tan de andar por casa.

Resumiendo, la primera hora del film es un producto más que digno dentro del género del terror. El resto, algo incomprensible que estropea todo lo anterior. En conjunto es algo… –me duele decirlo- exótico.

P.D.: Eso de miccionar en medio de la sala al lado del pozo donde se pueden filtrar los orines…

Sara se encarga de su familia tras enfermar su madre, una, antaño, popular cantante. Junto a su padre y tres hermanos pequeños tienen que subsistir ahogados por las deudas que produce el tratamiento médico que recibe la enferma. Un día esta morirá y a partir de ese momento todo irá peor para la familia ya que un número importante de fenómenos paranormales se sucederán en la casa.

3de5

GONJIAM: HAUNTED ASYLUM – Jeom Beom-Sik – Corea del Sur – 2017 – Terror

Gonjiam

Más allá de la crueldad a la que están sometidas las modas a merced de la temporalidad, dictando que prenda, estilo, objeto, canción, persona, etc. queda trasnochada, tenemos el verdadero drama del abandono. Cuando, sea lo que sea, queda ‘pasado de moda’ raro es que te encuentres con uno. Queda maldito, como si atrajese la mala suerte. En este caso su condena no es el infierno sino algo peor: el olvido.

Algo parecido pasó con el “found footage”. Hace tres o cuatro años, era la reina indiscutible del género y ahora… hasta sorprende encontrarse con una producción como esta “Gonjiam: Haunted Asylum”.

La verdad es que ya se ha hablado tanto sobre el “found footage” que extenderse ahora es más bien hacerle un flaco favor con tal de no aburrir al personal obligándole a leer alegatos repetidos cientos de veces en otros títulos, así es que vayamos al grano.

Dentro del “found footage” lo de visitar un Sanatorio o similar, es decir, establecimiento hospitalario, es casi un sub-género a su vez. Tenemos “Obras maestras” –al menos para mí- como “Grave encounters” a la que muchos han relacionado con esta diciendo que es una versión, pero más allá de la similitud de entorno y, adelantando conclusiones, sensaciones, no hay mucho más.

Lo primero que hay que decir es que como en todo este tipo de producciones tenemos una primera parte donde se presentan a los personajes. Normalmente cada uno es de su ‘padre y de su madre’, es decir, cubren un registro con el que buscar la identificación en el espectador y bla, bla, bla, terminando por eso mismo, perderse en diálogos insulsos y tirando a la basura gran parte del metraje. Nos hemos encontrado con bodrios que enredaban tanto que solo dejaban para los últimos diez minutos lo único potable de la película como es el terror.

Por suerte, aquí no pierden el tiempo en presentaciones y a los veinte minutos ya tendremos metidos en harina a los protagonistas, algo que se agradece de sobremanera. Es cierto que quitando algún personaje –Charlotte, el jefe del cotarro o el cobardica- pueden parecerles planos a más de uno, pero hay que recordar que esto es una película de terror y no una película de ‘arte y ensayo’. Mejor ir al grano, como decía con estas propias líneas.

Superados esos minutos, la acción se desarrolla en un bien dosificado ‘in crescendo’; no hay muchos sustos pero la atmosfera está bien lograda provocando que la inmersión sea total, haciéndote participe de las vivencias de los personajes como un miembro del equipo más. Lo de testigo, para las malas películas.

La mejor parte se reserva para los veinte minutos finales donde se desata la pesadilla. Tras haber estado en ‘barbecho’ los minutos anteriores, cualquier sonido, movimiento o gesto te harán saltar del asiento y poco importa que las influencias nos recuerden demasiado a determinados videojuegos.

Y es que la clave del film no son los efectos especiales, casi inexistentes, ni como decía un elevado número de sustos. La tensión acumulada, el malestar de los protagonistas y el no aspirar más allá de lo que se pretende, importante en estos casos, obran el milagro de hacernos olvidar los parecidos razonables.

Podría añadir también en sus puntos fuertes hasta las excelentes interpretaciones de unos actores no del todo desconocidos en el país alejándose de la apariencia amateur en estos casos, pero si iconos en el género como “La maldición de la bruja de Blair” provocó no pocas risas en las plateas por determinados planos de los intérpretes, aquí donde se multiplican estas imágenes, pueden ser motivo de jolgorio de ese tipo de espectadores que acuden a ver películas del género para reírse de las muecas y mohines de unos y otros. No quiero pensar que estragos causaría esta película en certámenes como el de Sitges o Donosti tan dados a la burla amparados en el borreguismo colectivo.

¡Pero si hay hasta momentos donde hay Banda Sonora, algo inaudito –nunca mejor dicho- en este tipo de films!

Ah, y no marea. Dato importante teniendo en cuenta el formato del film…

Resumiendo, Corea del Sur sigue demostrando que es capaz de resucitar a los muertos. Si cuando las películas de zombis parecían denostadas apareció la increíble “Train to Busan”, ahora con esta “Gonjiam: Haunted Asylum” nos vuelven a sorprender con un subgénero como el “found footage” que parecía condenado al olvido, rompiendo esa por otra parte máxima del género en el país, poco hasta el momento, efectivo.

El sanatorio para enfermos mentales de Gonjiam es un lugar siniestro donde cientos de personas aseguran haber vivido experiencias sobrenaturales aterradoras. De hecho, entrar en la inaccesible habitación 402 se ha convertido en la meta de todos los amantes de lo paranormal. Ahora, un grupo reunido alrededor de un programa que emite en línea, pretende lo que otros no han conseguido: grabar imágenes del interior de la temida estancia.

4de5

MEMOIR OF A MURDERER – Won Shin Yun – Corea del Sur – 2017 – Thriller

Memoir

No todo vale, señores, no todo vale. Dejen ya de tomar por tonto al personal y de aprovecharse de la indulgencia del respetable.

Ya sabemos que a todos nos gustan los thrillers surcoreanos y que son unos maestros en este género, pero no por ello hay que abrigarse bajo la capa de réditos y tirar para adelante cual burro adiestrado a fuerza de costumbre sin mirar a tu alrededor.

Porque sí, porque “Memoir of a murderer” es una buena película por varios aspectos, pero de ahí a ser una obra ejemplar, va mucho trecho.

Mi principal alegato en su contra es que no se puede hacer creer al espectador aspectos que no son ciertos ni hacer de circunstancias necesarias para el desarrollo de la historia, simples anécdotas para colársela al personal. Vamos, que ni el Alzheimer es así ni guardar un diario en una grabadora de los noventa y luego buscar lo que te interesa, es algo sofisticado y fácil como nos lo hacen creer. ¡Qué esto es un thriller, no una película de Ciencia-Ficción! Que por ejemplo un enfermo de Alzheimer que olvida lo acontecido en toda una semana, no puede ir conduciendo su coche como si nada…

Ahhh… que es una licencia argumental… Una trampa, un insulto para la inteligencia del espectador.

Luego podemos pasar por alto esta cuestión -con una pértiga, claro-, pero al hacerlo tienes que ser consciente de que la nota corre contraria suerte, es decir, baja distanciándose de ese sobresaliente que se había vendido. La cuestión es si llegará al notable. Y es que son tantas preguntas que provoca esta película…

Por ejemplo: ¿Modela una película al actor protagonista o es este el que modela a la película?

Está claro que para que el protagonista resulte verosímil en esta ocasión necesitas a un intérprete de primera fila, alguien que no te falle cuando, como hemos visto, no haya por dónde creerse el guión. Sol Kyung-Gu es uno de los mejores actores de la península –de toda Asia me atrevería a decir- no solo por su trayectoria sino por su dominio de distintos géneros. Aquí mismo lo vemos saltar del drama a la comedia en segundos resultando igual de eficaz: sobrio, oscuro cuando se necesita y riendo hasta la lágrima si el libreto se lo demanda. Otra cuestión es que la cámara se deleite en ello viéndose el plumero otra vez a su director Won Shin-Yun, autor a su vez de la historia.

Todos coincidiremos que es gratificante encontrarse con una interpretación así, yo mismo disfruto con ella e incluso uno se permite tontear sacando ‘parecidos razonables’ con Takeshi Kitano, pero más que nunca parece que has forjado tu película alrededor de ella; servir al actor y no al revés.

Pero no hemos acabado todavía. Siguiendo la línea con la que había comenzado, la manipulación se amplía más allá de las herramientas con la forma de contar la historia; y es que buscando esa sorpresa, el film comienza a dar bandazos para despistar al espectador. El problema, como en otras muchas ocasiones, es cuando llegado el momento clave, sabes que aún queda una hora de película con lo que eres consciente de que hay ‘algo’ más. Vamos, que no hace falta ser un Sherlock Holmes para averiguar que no te están contando toda la verdad. Y ya no tanto ‘toda’ como la ‘única’, y claro… otra vez pasar por tonto… Y ya no hablo de las casualidades porque si no…

No obstante, creo que a pesar de todo es una buena película porque tiene elementos, además de la interpretación del protagonista, como esos golpes de humor que permiten que el film no sea tan plano –genial el entrenamiento del ‘héroe’- o que posea un buen ritmo, herencia sin duda de los antecedentes de su realizador como en la indispensable “The suspect”, pero no deja de ser un thriller más dentro de la, por otra parte, estupenda media general del género en el país.

Sin ir más lejos, a grandes rasgos el film no deja de ser uno de esos “duelos” al sol entre antagonistas tan populares que hasta el propio Sol Kyung-Gu elevó al nivel de palomitero con los consiguientes éxitos en taquilla de la saga “Public Enemy”.

Para terminar, una puntilla salida de mi mente también afectada por otro mal: la estupidez. ¿Soy yo o el estrafalario peinado del protagonista es una llamada de atención al igual que lo fue en su momento el de Cho Min-Sik en “Old Boy”?

Resumiendo, entretenido thriller que depende demasiado de la indulgencia y complicidad del espectador para dejarse manipular. Eso sí, la interpretación de Sol Kyung-Gu, eleva el conjunto más allá de la corrección.

Kim Byeong-Son sufre de Alzheimer, enfermedad agravada por un accidente que tuvo diecisiete años atrás. Lo curioso es que gracias a ello, dejó de asesinar, ya que desde su juventud no dejó de matar a aquellos que él encontraba culpables de diferentes crímenes. Un día tendrá un accidente topándose con un joven que lleva un cadáver en el maletero de su coche. Pronto descubrirá que se trata de un asesino en serie que se mueve por la zona. Para su desgracia, este conocerá a su hija, utilizándola para sus planes…

4de5

THE MIMIC -Huh Jung – Corea del Sur – 2017 – Terror/Drama

The Mimic

Una cueva maldita, desapariciones, una leyenda local y un pueblo remoto rodeado de un siniestro bosque. Todos los ingredientes para hacer una película de terror sobresaliente. Sin embargo, adelantando conclusiones, todo se queda en agua de borrajas, ya no por su origen sino por los defectos que afectan al género a nivel mundial. Explico mis palabras.

Sobre lo del origen, más que una apreciación mía, es ya algo de dominio público: el terror en Corea, la mayoría de los casos, dista mucho de lo que uno espera en estas producciones. Desde que allá por el noventa se internalizase su filmografía y como primer título del género como fue “Tell me something” cruzase fronteras –aún me acuerdo cuando compré una copia pirata de la misma en paradójicamente Beijing junto a otra de “Shiri”… -, no tardamos en darnos cuenta que el cine ‘de miedo’ en aquel país no eran más que thrillers policiacos siniestros y, como mucho, algo impregnados de sangre. Los años fueron pasando pero las sensaciones y circunstancias seguían siendo las mismas: algún susto, estrenos principalmente dirigidos para adolescentes, en fechas veraniegas (algo curioso de verdad) y a merced, como decía, de las modas imperantes sobre todo en occidente. Hay excepciones, claro está, pero…

Dejado más o menos claro lo que mencionaba sobre su ‘origen’ vayamos con la segunda parte.

Lo de la ‘madre coraje’ en el género más que un tópico es un ingrediente habitual. Nada que criticar. Otra cosa es el enfoque. Y mira por dónde, en España somos expertos en este tema con una figura destacada: Belén Rueda.

Pues empezamos por el final: mi resumen de “The mimic” es que es una película de Belén Rueda pero en Corea del Sur.

Con esto ya está dicho todo; pero tampoco seré así de expeditivo y/o cafre más que nada porque ni quiere decir que esto sea algo malo ni, para una vez que me siento a escribir ‘cuatro’ líneas…

El argumento nos trae a una familia que se traslada al pueblo natal del marido de la protagonista para ver si llevándola al sitio donde se crió recupera algo de su maltrecha memoria a causa del Alzheimer. Claro. Ya. Todo tiene un motivo, pero… La cuestión es que en aquella población hay una cueva abandonada, cerrada al público, al costado donde estos se trasladan en el que hallarán, oh sorpresa, un cadáver y una niña perdida. Por si las circunstancias no fueran ya excepcionales, el contexto nos dice que el benjamín de la familia desapareció sin dejar rastro dejando a una madre al borde de la locura.

Con estos antecedentes y sin querer desvelar nada, se podría decir que estamos ante un thriller sicológico más que ante un film de terror. Pues ni eso. En todo caso, un drama de terror, uno de esos que desde Asia nos llegaron con el nuevo milenio y de Hong Kong donde primaba más el dolor de los personajes que las sensaciones. Y con ello no digo que la tragedia no sea una sensación, solo que para aquel que se acerque a uno de estas producciones, puede saberle a poco o a… rancio.

En todo caso hay que decir que el film no comienza nada mal, lo que por otro lado tampoco le hace un favor. Y es que su arranque nos augura, salvando las muuuuuchas distancias, un “The ring” surcoreano cambiando un pozo por un agujero en una pared. De hecho, la primera media hora es bastante intensa, con algunos sustos que sin ser muy originales son efectivos sin llegar a tomar por tonto al espectador y vaticinando un resto de película esperanzador. El problema, como decía, siempre bajo mi punto de vista, es cuando desvía tanto la mirada que se pierde.

Y ya no es tanto el contenido dramático, personal, como el de esa leyenda que termina por resultar un tanto… excéntrica, por no ser grosero.

El que esté versado en la cultura y por ende, cinematografía local, ya sabrá la importancia del chamanismo y su implicación en la industria como acicate para historias fantásticas y de terror. Aquí se junta con el flocklore local y lo que de normal es una combinación infalible, aquí se convierte en algo demasiado abstracto con mezcla de conceptos vistos ya y hasta equívocos. La sensación es que querían repetir el éxito de la imprescindible “The wailling” y se queda en algo ridículo –mira que decía que no quería ser grosero…- y carente de sentido por mucho ‘género’ al que se apele.

Está claro que ante tal descenso de sensaciones –y hasta interés- nuestra atención no tiene otro remedio que centrarse en la interpretación de la protagonista, motor principal del film, ya que ni la música, elemento auxiliar aunque estrella en este tipo cine, merece un punto y aparte. Los –pocos- efectos especiales son resultones, pero como apuntaba, escasos y más como adorno.

Resumiendo, una oportunidad perdida. El típico ejemplo de película que se pierde por el camino por dejar la senda del terror buscando dramas de sobremesa.

3de5

“RE:BORN” – Yuji Shimomura – JP – 2016 – Acción

Reborn

A veces las sensaciones no vienen dadas por unas expectativas, comentarios de terceros, gente implicada o sentencias que a voz en grito apelaban a nuestra nostalgia diciendo que esta obra era el ‘canto del cisne’ de Tak Sakaguchi, no. A veces simplemente basta una imagen, ver a Masaya Kato al inicio del film, y saber que estamos ante algo grande, por mucha tontería que parezca.

Pero si es por tontería, yo tengo mucha así es que de eso no me podéis acusar.

Mirad si soy tonto que aún conservo la camiseta que me compré de “Versus” allá por el 2002… Ni falta hará decir que por aquella época, sería de los pocos por estos lares que tendría una. Por esa razón, añadiendo algo de soberbia a mi sarta de idioteces, diré que a mí nadie me tiene que presentar al amigo Tak.

Pues bien, en mi inabarcable estupidez había olvidado lo bueno que era este. Que sí, que entre los Tony Jaas de turno e Iko Uwais del momento, uno había llegado a olvidar a Tak y lo que supuso en la anterior década.
Pero ha tenido que llegar esta “Re:born” para, si bien no reconocer lo imbécil que es uno –eso ya lo sabía- sí para poner a cada uno en su lugar.

Lo primero que hay que decir es que, por mucho que Sion Sono haya participado en su guión –amigo de Tak-su desarrollo no puede ser más simplón y manido. Nos encontramos frente a un super-soldado/espía/killer/perroflauta que se encuentra retirado y al cuidado, para mayor decepción de millenians creativos, de una niña.

Así, tras unos primeros veinte minutos de cine de geriátrico con historia contemplativa de niña y prota mostrándonos lo bonito de una relación aburrida y casi al borde de la denuncia en la oficina de ‘Asuntos sociales’, empieza un festival de la acción, artes marciales y armas blancas que deja al duelo final de “The raid II” a la altura de las discusiones de Heidi y su abuelo en la serie animada de Takahata. Es decir, vamos a ver más navajazos que en todo el cine quinqui español de los setenta y ochenta juntos, y cortes de cuello que ríase usted de la pollería de mi barrio con más de cien años de historia.

Lo que Sakaguchi y Yuji Shimomura nos ofrece es un deleite de movimientos rápidos, coreografías limpias y encuadres perfectos para que el espectáculo sea lo más asimilable posible. Es cierto que en alguna escena el montaje peca de abrupto pudiéndose adivinar algún fallo de continuidad, pero es algo que solo los maniáticos como un servidor apreciarán.

Los que pasen de maniáticos a directamente críticos, le achacarán un estilo videoclipero o de videojuego, etiqueta con la que se suele atacar a estos productos sin saber que a muchos eso no nos parece un insulto, al revés, es un aliciente, pero como estoy diciendo, es una apreciación con más intención de ataque que informativa.

Pasajes como ese ochenta –sí, ochenta- contra uno o la de la cabina telefónica con una siempre sugerente jovencita con falda de tablas, por destacar alguna escena entre las muchas a subrayar, son alicientes de sobra para destacar a esta “Re:born” como una de las mejores del año en su género.

Resumiendo, coges “Metal gear solid”, cualquiera de Bourne, de John Wick, lo adaptas al medio cinematográfico con un guión que te permita hora y pico de peleas y lo envuelves con una buena banda sonora que aporte solidez apartándolo de la serie B, y obtienes un éxito seguro. A la pregunta de cuál era mejor si “The raid 2” o “SPL 2”, se le une una tercera contendiente con menos medios pero similar intensidad.


 

“CHASING THE DRAGON” – 2017 – HK/CH – Drama/Thriller – Wong Jing/Jason Kwan

chasing

Lo de que Wong Jing es un ‘Maestro de la comedia’ quedó en el pasado. No porque ya no lo sea, no, sino porque es ‘Maestro’… a secas. Aunque para ser francos más bien deberíamos calificarlo como un tipo listo, muy listo. Pero vayamos por partes.

De sobras son conocidas las sagas “Twinkle Twinkle Lucky Stars”, “God of gamblers” –con guiño incluido en esta película- recuperadas en las recientes “From Vegas to Macau/Man from Macau”, las no menos aplaudidas “Future cops”, “High risk”… Y es que son tantas y tantas risas las que nos ha arrancado…

Pero más allá de comedias, como decía al inicio, también en las últimas décadas nos ha regalado tremendos dramas y vehículos de acción que se alejaban de su peculiar sentido del humor, improvisación y grotesca puesta en escena. “The colour of the truth”, “The last tycoon”, “Moving targets”, “To live and die in Mongkok” o “I corrupt all cops” con la que guarda muchas similitudes con esta, son algunos ejemplos. Sin embargo, los que más y los que menos sabrán que este ‘milagro’ no es casual y que en muchas ocasiones Jing ha recurrido a directores amigos y genios apadrinados para, por decirlo de alguna forma, “domesticarlo” y controlar sus desmanes cuando la comedia pugne por no dejar sitio al drama. Marko Mak, Billy Chung, el mismísimo Andrew Lau o como en este caso, Jason Kwan. Como decía, un tipo listo.

En esta ocasión, Jing se hace valer de una historia y personajes que conocía muy bien de cerca –la mencionada más arriba y el ínclito Lee Rock cuyas películas produjo Jing casi tres décadas atrás con Lau enfundado en la misma piel- para construir una historia con un gran leit motiv: hacer de los tópicos una excepción.

En el film –repitamos, referencias aparte- se nos muestra la típica historia de mafiosos –triadas, como no- con hermandades por doquier. Y no, no hablo de colectivos, sino de ese “Bromance”, amistades llevadas al límite que se nos descubrió precisamente en Hong Kong de la mano de otro maestro como John Woo. De hecho, y perdonarme porque había dicho que dejaba las referencias  a un lado… ¿nadie ha visto como un servidor un pequeño homenaje a “Una bala en la cabeza”?

Pero vuelvo al redil. Con notas que nos recuerdan que estamos en un nuevo siglo –las reivindicaciones sociales (inmigración, lucha de clases, posicionamiento político, etc.)- Jing como autor unipersonal –o eso dice- del guión, recrea una historia como decía con amistades inquebrantables, ascensiones y caídas. Vamos, lo de siempre.

Peeeeeero, la magia de esta “Chasing the dragon” es que se construye desde abajo.

Dicho así parece una obviedad, pero no tanto cuando todo el ritmo va acrecentándose para partiendo de los tópicos mantener la tensión hasta el final sin saber qué pasará. Y esto ni ya es tan elemental ni muchos menos, fácil de conseguir.

Porque por mucho que la historia sea manida y hasta los personajes reconocibles, su tratamiento es bastante diferencial cuando los revistes de dos rostros tan carismáticos pero los reclutas en el bando del lado oscuro, obteniendo que la presunta previsibilidad se evapore al eludir el clásico duelo ‘bueno-malo’.

En ningún momento sabes si las hermandades se van a romper, si alguno de los protagonistas puede caer o, evidentemente, cómo va a terminar la cosa.

Una ‘femme fatale’, drama, más drama, más tragedia, un Donnie Yen fuera de su hábitat natural pero majestuoso, un Andy Lau macarrero pero ‘celestial’… la lista es larga.

Pero por debajo de las luces, están las sombras. Y no hablo en plan negativo o crítico, más bien pedante ya que es un recurso gratuito para destacar elementos menos a priori destinados a llamar la atención.

El primero es la bellísima fotografía de la película que junto a la dirección artística nos traslada por momentos a la recordada “In the mood for love”. No os llevéis las manos a la cabeza, que no es para tanto. Jason Kwan, co-director y director de fotografía del film nos trae uno de los mejores tratamientos de imagen que he visto desde hace mucho tiempo en una película, al uso del célebre Doyle, o más reconocible por el gran público, las producciones de Jean-Pierre Jeunet.

Y es que Jing siempre ha tenido buen ojo para los directores de fotografía venidos a realizadores, ¿verdad, Andrew Lau?

En este aspecto, sorprende ver en los títulos de créditos a otro director que de esto de la imagen sabe mucho como el gran Peter Chan, aludiendo a él como Director consultante. ¿Casualidad?

La Banda Sonora, baza habitual en los films de Jing, gana, si cabe, aún más protagonismo en esta ocasión. La riqueza de melodías, obviando la calidad que siempre atesora su compositor Chan Kwong-Wing (sí, el de la trilogía “Infernal Affairs”) logra que destaque incluso por encima de la acción o trascendencia de las imágenes. Anacronismos musicales, poner música dramática a los momentos de tensión o al revés, más dinámica a los tristes, son brillantes ocurrencias que elevan el nivel del film por encima de esa previsibilidad inherente tanto a su historia como al género.

Como la perfección es difícil de alcanzar, se le puede reprochar que algún efecto dramático sea un tanto buscado perdiendo emotividad, pero lo compensa con esa habitual contundencia que solo las producciones locales pueden ofrecernos.

Resumiendo, soberbio cocktail realizado en base a una historia de mafias y corruptelas, con referencias al ‘heroic bloodshed’ clásico, e ingredientes carismáticos con una presentación más allá de la espectacularidad y gusto por el detalle. De lo mejorcito de este 2018.

5de5

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